La pobreza se ha metido en nuestras conversaciones, nos habla al oído…
Para no arraigarla, deberíamos erradicar para siempre algunas expresiones de nuestro vocabulario.
Entre ellas:
El mero hecho de pronunciar las palabras desde una posición activa, de decisión y voluntad, ya cambia nuestras estructuras mentales.
Alguien decía: “Estamos cansados de los tratadistas. Se precisa gente que lo HAGA!”. Es tan simple como decir: “lo haré”, y si no podemos o no queremos hacerlo, sencillamente digamos: “no lo haré”. El mundo no se nos va a venir encima por ello… el mundo sigue su curso: basta de “probar suerte”, no lo hagamos solo para ver cómo nos va.
Los “ganadores” creen que si algo va a pasar, es porque ellos hacen que pase.
Así que cada vez que decimos voy a “tratar”, acostumbramos a nuestra mente a “intentar”, a “negociar”. Basta de negociaciones!. Con la mente no se negocia… así no!. Si le damos órdenes, ella obedecerá.
Esta afirmación inconsciente crea en nuestra vida, la sensación de “luchar”, de ir contra lo difícil, contra obstáculos… lo que nos lleva a experimentar día a día una realidad de lucha contra infinidad de cosas para poder conseguir lo que queremos.
En lugar de eso, debemos crear afirmaciones que recreen escenarios más positivos a diario.
Debemos prestarle más atención a las palabras!!!. Una palabra es un pensamiento hablado. Un pensamiento es una palabra en silencio. Las palabras son un poder, energía creadora: crean ideas, crean sensaciones… lo que escuchamos y decimos tiene el poder de determinar lo que sentimos. Las palabras crean cuadros mentales, con poder para crear o destruir.
Un consejo muy popular dice: “Piensa antes de hablar”. La verdad es que nadie puede hablar sin pensar. Cuando alguien dice algo “sin pensarlo”, en realidad lo pensó sin darse cuenta. Es un proceso automático que ocurre en el subconsciente y que nos pasa inadvertido.
Del mismo modo que nadie puede dar lo que no tiene, nadie puede expresar lo que no piensa. Incluso, el acto de mentir, exige un nivel de pensamiento y creación.
Las palabras tienen poder porque son escuchadas en la mente, tanto del que las oye como del que las pronuncia y las convierte en imágenes. Cada palabra la hemos asociado a una imagen y a una determinada sensación.
Las palabras crean imágenes y esas figuras mentales amplifican lo que somos. Tienden a acentuar nuestros sentimientos más básicos. Las palabras son decretos.
Está en el libro de Proverbios, escrito por el Rey Salomón: “La Muerte y la Vida están en poder de la lengua, y el que la ama comerá de sus frutos”. Otra traducción dice: “Quien habla del bien, del bien se nutre”.
Cuando escuchamos con detenimiento el vocabulario de la mayoría de personas (incluyendo el nuestro mismo), encontramos demasiadas palabras de escasez y carencia, que al ser pronunciadas constantemente, se convierten en semillas de pobreza: “ojalá”, “vamos a ver”, “hay que probar suerte”, “Dios quiera”….
La pobreza mental se expresa como pobreza en el vocabulario.
Las escrituras dicen: “De la abundancia del corazón, habla la boca!”.
Hablemos pues, de ABUNDANCIA y PROPERIDAD!!!!!!
Bendiciones infinitas


